Santa Margarita María Alacoque: ¿A quién pertenece su corazón?

En una época en la que tantas personas buscan la felicidad en los bienes materiales, en los placeres o en la aprobación de los demás, la vida de Santa Margarita María Alacoque nos plantea una pregunta fundamental:

¿A quién pertenece realmente nuestro corazón?

Esta es, en el fondo, la gran lección que recorre toda la autobiografía de la santa escogida por Dios para dar a conocer al mundo la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Un corazón conquistado desde la infancia

Santa Margarita relata que, desde sus primeros años, Dios la fue atrayendo hacia Sí de una manera extraordinaria.

Mientras otros niños buscaban naturalmente los juegos y las diversiones, ella experimentaba una profunda repugnancia hacia todo aquello que pudiera ofender a Dios. El simple pensamiento del pecado le producía horror.

No porque fuera perfecta.

Al contrario.

A lo largo de toda su autobiografía insiste en considerarse indigna de las gracias recibidas. Pero precisamente por eso comprendía mejor la inmensa misericordia del Corazón de Jesús.

Desde muy pequeña comenzó a repetir espontáneamente:

“Dios mío, os consagro mi pureza.”

Sin comprender todavía toda la profundidad de aquellas palabras, estaba ya entregando a Dios lo más importante que poseía: su corazón.

El combate entre Dios y el mundo

Con el paso de los años comenzó una lucha que resulta muy actual.

Por un lado, sentía una fuerte atracción hacia la vida religiosa y hacia la oración.

Por otro, el mundo la llamaba.

Su familia quería que se casara. Los pretendientes aparecían. Las diversiones y la vanidad ejercían su atractivo. Ella misma confiesa que intentó agradar al mundo y buscar su felicidad en él.

Pero entonces descubrió una verdad que muchos cristianos olvidan:

el corazón humano no encuentra descanso cuando pertenece a Dios y pretende vivir lejos de Él.

Cada vez que intentaba alejarse de su vocación, el Corazón de Jesús volvía a llamarla.

En medio de fiestas, reuniones o entretenimientos, sentía una inquietud profunda que la impulsaba nuevamente hacia Dios.

La gran tragedia de nuestro tiempo

Quizá aquí se encuentre una de las causas más profundas de la crisis espiritual de nuestra época.

Muchos hombres y mujeres buscan llenar su corazón con mil cosas distintas.

Más dinero.

Más entretenimiento.

Más comodidad.

Más distracciones.

Pero el corazón fue creado para Dios.

Y cuando se intenta saciar con cualquier otra cosa, permanece vacío.

Santa Margarita comprendió que ninguna criatura podía ocupar el lugar reservado al Creador.

Por eso escribió que Jesús quería ser el “Dueño absoluto” de su corazón.

No una parte.

No algunos momentos.

No ciertas devociones.

Todo.

El Santísimo Sacramento: refugio del alma

Uno de los aspectos más conmovedores de la autobiografía es el amor extraordinario que Santa Margarita sentía por la presencia real de Nuestro Señor en la Eucaristía.

Cuando le impedían acudir a la iglesia, sufría profundamente.

Cuando podía permanecer delante del Santísimo Sacramento, se olvidaba del tiempo.

Describe cómo habría pasado allí los días enteros, consumiéndose en la presencia de Jesús “como un cirio ardiente para devolverle amor por amor”.

Estas palabras resultan especialmente necesarias hoy.

Vivimos en una época que ha perdido el sentido de lo sagrado.

Muchas personas pasan horas delante de una pantalla, pero apenas unos minutos delante del Sagrario.

Sin embargo, fue precisamente allí donde Santa Margarita encontró la fuerza para soportar humillaciones, sufrimientos y pruebas que habrían destruido a muchas almas.

El reinado del Sagrado Corazón

La autobiografía de Santa Margarita María no es simplemente la historia de una religiosa francesa del siglo XVII.

Es la historia de un combate que continúa hasta nuestros días.

El combate entre el amor de Dios y las seducciones del mundo.

El combate entre el Corazón de Jesús y todo aquello que pretende ocupar su lugar en nuestras almas.

Por eso el mensaje central de Santa Margarita sigue siendo tan actual.

El Sagrado Corazón de Jesús no pide solamente algunas oraciones.

Pide el corazón entero.

Pide reinar en las familias.

Pide reinar en las almas.

Pide reinar en la sociedad.

Y mientras ese reinado no se establezca, el hombre seguirá buscando en vano una felicidad que solo puede encontrarse en Él.

Como comprendió Santa Margarita desde su juventud, la verdadera paz no consiste en obtener todo lo que deseamos.

La verdadera paz consiste en pertenecer completamente al Corazón de Jesús.

Porque solo cuando Él reina en el corazón del hombre, el hombre encuentra finalmente aquello que ha buscado toda su vida.

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