Hoy comenzamos nueve días muy especiales de oración en preparación para la fiesta de San Pío de Pietrelcina, el próximo 23 de septiembre.
Y quisiera hacerle una invitación muy sencilla:
piense en una gracia que necesita de Dios y pídala durante estos nueve días por intercesión del Padre Pío. Puede ser por una enfermedad, por un hijo que se ha alejado de la Fe, por una dificultad familiar, por una necesidad económica o por una situación que humanamente parece no tener solución.
El Padre Pío conoció muy bien el sufrimiento. Pero también recibió de Dios dones extraordinarios que puso siempre al servicio de las almas.
El santo de los grandes milagros
La vida del Padre Pío estuvo rodeada de hechos extraordinarios.
Se le atribuyeron curaciones inexplicables, conversiones sorprendentes, bilocaciones y el conocimiento sobrenatural de las conciencias. Durante cincuenta años llevó además en su cuerpo los estigmas de la Pasión de Nuestro Señor.
Y los testimonios sobre gracias obtenidas por su intercesión continuaron después de su muerte.
Un libro dedicado a recopilar estos casos recoge testimonios de personas que aseguran haber experimentado conversiones y curaciones extraordinarias por su intercesión.
Pero detrás de estos prodigios había algo mucho más importante.
El Padre Pío no quería simplemente curar cuerpos.
Quería llevar las almas a Dios.
Pasaba largas horas en el confesionario, ofrecía sus sufrimientos por los pecadores y enseñaba a quienes acudían a él a confiar en la Providencia.
¿Hay algo que usted considera imposible?
Quizá haya una preocupación que lleva meses —o incluso años— dentro de su corazón: un hijo, un matrimonio, una enfermedad, una conversión o una situación familiar que parece imposible de resolver. No sabemos si Dios nos concederá exactamente aquello que pedimos, porque la oración cristiana nunca consiste en exigir un milagro. Pero sí podemos pedir con confianza y hacerlo acompañados por la intercesión de un santo que dedicó su vida entera a acercar las almas al Corazón de Jesús.
Nueve días para pedir y confiar
Una novena no es una fórmula mágica.
Son nueve días de perseverancia en la oración.
Nueve días para presentar una y otra vez nuestra necesidad ante Dios.
Nueve días para pedir al Padre Pío:
“Interceda por esta necesidad que llevo en mi corazón.”
Pero pidamos también una gracia todavía mayor.
Que, sea cual sea la respuesta de Dios, esta novena nos acerque más a Él.
Porque el mayor milagro relacionado con el Padre Pío no fueron solamente las curaciones extraordinarias.
Fueron las innumerables almas que regresaron a Dios.
Comencemos hoy
Si tiene una petición especial, no la guarde solamente en su corazón.
Póngala desde hoy bajo la intercesión del Padre Pío.
Durante los próximos nueve días, recemos con perseverancia y confianza, preparando también nuestra alma para su fiesta.
Quizá usted esté esperando una gracia desde hace mucho tiempo. Quizá humanamente ya haya perdido la esperanza. Precisamente por eso, hoy puede ser un buen día para volver a pedir, poniendo nuevamente esa necesidad en las manos de Dios y confiándola a la poderosa intercesión del Padre Pío. Hagamos esta novena con Fe, perseverancia y confianza, sabiendo que ninguna oración sincera es inútil ante Dios.
Padre Pío, interceda por nosotros. Presente nuestras necesidades ante el Sagrado Corazón de Jesús y, sobre todo, alcáncenos la gracia de permanecer siempre unidos a Él. Amén.