Santa Inés de Bohemia: cuando un trono no basta y el alma elige a Cristo

Santa Inés de Bohemia, también conocida como Santa Inés de Praga, nació destinada a la grandeza terrena: hija de rey, prometida a poderosas casas reales y candidata a convertirse en emperatriz del Sacro Imperio. Todo parecía conducirla a un trono. Sin embargo, su alma escuchó una llamada más alta.
Influida por el ejemplo de Santa Clara de Asís y la espiritualidad franciscana, comprendió que la verdadera realeza no consiste en gobernar territorios, sino en pertenecer enteramente a Cristo. En una decisión que sorprendió a Europa, rechazó el matrimonio imperial y consagró su virginidad al Señor, abrazando la pobreza y fundando un monasterio en Praga.
Lo que el mundo vio como renuncia fue, en realidad, elección consciente de lo eterno sobre lo pasajero. En lugar de una corona imperial, eligió la vida oculta de oración, penitencia y caridad. Su ejemplo revela una verdad profunda: el mayor destino del hombre no es el poder, sino la fidelidad.
En Cuaresma, su vida nos interpela: quizá no tengamos que abandonar un trono, pero sí estamos llamados a renunciar a aquello que ocupa el lugar de Dios en nuestro corazón. Santa Inés nos recuerda que toda entrega hecha por amor no empobrece, sino que purifica y eleva. Porque no hay trono más alto que un corazón completamente entregado a Cristo.
Santa Paula Montal: enseñar al que no sabe, como obra de misericordia

Santa Paula Montal encarnó de manera silenciosa y firme una de las obras de misericordia más exigentes: enseñar al que no sabe. Convencida de que la ignorancia es también una forma de pobreza, dedicó su vida a la formación de niñas humildes, comprendiendo que sin educación se limita no solo el desarrollo humano, sino también la capacidad de vivir y defender la fe.
Inspirada por el espíritu de San José de Calasanz, abrió escuelas donde se enseñaba a leer, escribir y pensar, pero también a rezar, a formar la conciencia y a vivir con responsabilidad cristiana. Para ella, educar no era filantropía ni estrategia social, sino auténtica caridad: iluminar una inteligencia creada por Dios y orientar un alma hacia la eternidad.
Su santidad no estuvo marcada por gestos espectaculares, sino por la perseverancia cotidiana, el sacrificio discreto y la fidelidad a una misión eclesial que aseguró al fundar la Congregación de las Hijas de María, Religiosas de las Escuelas Pías.
Hoy, ante la confusión moral y la ignorancia religiosa, su ejemplo interpela con fuerza: formar inteligencias y corazones sigue siendo una necesidad urgente. Enseñar al que no sabe no es una tarea secundaria, sino una expresión concreta del amor a Dios y al prójimo, capaz de sembrar futuro y santidad.