El verdadero sentido de la Navidad: oración y entrega

Estamos cerca del más sublime de los acontecimientos, donde inicia el camino de todas las gracias que a nuestro mundo trajo el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, que como bien sintetiza el Prof. Dr. Plinio Correa de Oliveira marca el inicio de nuestra Redención (1)

El vivir con corazón entregado la Natividad de Nuestro Señor, tiene que constituir una analogía perfecta entre lo que representó este suceso en la historia con sus diversos frutos (el sentido cristiano de la sociedad, el arte, la cultura y la entrega a Dios) y nuestra manera personal de vivir la Navidad, ya que todos los frutos materiales y espirituales proceden de la gracia que Dios envió con el nacimiento del Redentor.

Se habla frecuentemente del verdadero sentido de la Navidad, pero este va más allá de priorizar las cosas materiales y vivir esta fecha con “fraternidad”, “amistad” o “convivencia”. 

Recuperar el sentido cristiano de la Navidad es despertar en la profundidad de nuestras almas el amor hacia Cristo, y entregarse completamente a la visión beatífica del portal de Belén, donde el Niño Dios vino a renovar el mundo y a “Hacer todo nuevo” (Ap, 21:5)

Es por esto que debemos preguntarnos: ¿está mi corazón listo para recibir al Salvador? 

¿Es mi alma un mar de tinieblas que revive las dificultades e incomodidades del pequeño infante en Belén, o es un refugio de santidad en el que el Divino Niño se complace en nacer?

El alma: preparación necesaria para la llegada del Niño Jesús

El Dr. Plinio, sintetiza de manera maravillosa el gran contraste que existía en la Roma de aquel tiempo y los planes y deseos de Dios (2), mientra el César y los gobernadores trataban de solucionar los problemas y placeres terrenos por medio de su inteligencia y paganismo, en un pequeño portal de Belén, conforme la promesa hecha a David por medio del profeta Natán y el anuncio del ángel, nacía el Rey de la historia, “cuyo reino no tendrá fin” (2 Re., 12-16) (Lc., 1: 33).  El Nacimiento de Cristo nos deja esta gran lección, nada podemos sin la presencia de Dios, y nuestra alma debe estar preparada para dejar testimonio con nuestra vida de los planes de Dios. Esta verdad está demostrada por medio de Nuestra Señora la Virgen María, que no confió en la “inteligencia” o capacidad del Cesar para esperar la solución al caos moral de su época (comparable con el caos moderno), sino que se entregó completamente a Dios en la oración, suplicando la pronta venida del Salvador y concediéndonos uno de sus primeros y más grandes milagros: la pronta venida del Redentor por medio de sus oraciones. 

El Nacimiento del Rey del Mundo nos recuerda esta gran verdad: la salvación del mundo no se opera por medio de los hombres y su sabiduría, ni en la Roma antigua ni en las democracias actuales, sino en una entrega total a la voluntad de Dios por medio de la oración y la acción.

¿Es mi Navidad una oportunidad para rezar y consagrar mi alma a Nuestra Señora y su Divino Hijo o una fecha de “amor y paz” mundanamente entendido? 

Cada Navidad que Dios nos permite vivir, debe ser conservado como el más grande de los Tesoros, así como la ocasión perfecta para meditar y pedir al Dios Niño: “Señor, venga a Nosotros tu Reino” (2)

Siguiendo la proverbial interpretación del Dr. Plinio, podemos unir estas dos verdades en una profunda meditación: la Natividad de Nuestro Señor fue producto de la fuerza de la Oración de la Virgen María y nuestras almas deben imitar esta entrega en cada momento de nuestra vida cotidiana

De la misma manera como la Navidad fue el inicio de la gran obra de Dios, y la Redención del hombre con todos los frutos que ella trajo, así cada uno de nuestros actos deben ser entregados a este Divino Niño en el pesebre, y procurar llevar en alto la comprensión de este mensaje tan lleno de ternura y realeza: “Hoy os ha nacido en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo Señor” (Lc. 1:11)

Fuentes:

  1. La Redención, eje de la Historia
  2. Adveniat Regnum tuum / Quien benefició más al mundo fue quien más y mejor supo orar

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