Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero; Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, bondad infinita y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido, y me pesa de que no me pese más. Propongo firmísimamente no volver a pecar y huir de las ocasiones de ofenderos. Os ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de mis culpas y pecados; y confío en vuestra clemencia infinita que me perdonaréis por los méritos de vuestra preciosísima Sangre, y por dolores y lágrimas de la Santísima Virgen, Madre y Señora nuestra, y que me daréis gracias para enmendarme y perseverar hasta la muerte. Amén.
Oración para todos los días
¡Oh, dulcísimo Jesús!: si clavado en esa cruz sois Padre de misericordias, usad conmigo de vuestra gran misericordia, porque yo soy el más vil y miserable pecador. Por vuestra pasión santísima, mirad con ojos compasivos a mi alma y a todas las de Purgatorio; y por los dolores y amarguras de vuestra divina Madre, Madre piadosísima y refugio de los pecadores, concededme un verdadero dolor de mis culpas, y librad a las almas de aquellas penas, dándoles en la gloria el descanso que les prometisteis. Amén.
DÍA PRIMERO
Hechas las oraciones indicadas, que deben repetirse cada día, rezarás la siguiente oración hablando, adorando los sagrados pies de Cristo clavado en la cruz.
ORACIÓN. Redentor mío, amor de las almas puras: por el dolor y paciencia que tuvisteis cuando os clavaron en la cruz, traspasad mi alma con el clavo de vuestro santo temor, y dirigidme por el camino de vuestra divina ley. Postrado a vuestros pies os adoro, dulcísimo Jesús, y por la pena que sufrió vuestra dolorosa Madre, os suplico libréis a las almas de aquellas penas, llevándolas al eterno descanso de la gloria. Amén. Se rezarán cinco Padrenuestros y cinco Avemarías. Posteriormente, la siguiente oración: ¡Eterno Padre: por la preciosísima sangre de Jesús, misericordia! Señor, dadles el eterno descanso y que la luz eterna les alumbre. Descansen en paz. Amén. (Rezando esta última jaculatoria se ganan 300 días cada vez, aplicables solo a los difuntos).
ORACIÓN FINAL. ¡Oh buen Jesús, Rey de la gloria!: librad de las penas del purgatorio a las almas de los finados. Libradlas, Señor de las penas y dolores que padecen, por lo que Vos y vuestra Madre dolorosa padecisteis en el Calvario. En sufragio de todas ellas os ofrecemos, Dios mío, nuestras súplicas, penitencia y suspiros, junto con un verdadero arrepentimiento de nuestros pecados. Aceptad, Señor, esta deprecación, y haced que el Arcángel San Miguel, que destinasteis para tal oficio, pase las benditas almas de la oscuridad y tristeza de las penas, a la luz y alegría de la gloria. Amén.
Aquí pedirás interiormente a Cristo crucificado lo que intentas alcanzar como fruto de esta novena, junto al alivio de las santas almas…
DÍA SEGUNDO
Hecho el acto de contrición, y dicha la oración para todos los días, como en el primer día, se dirá la siguiente.
ORACIÓN. ¡Oh, mano derecha del Salvador, mano de los predestinados!: ¡cuánto os cuesta la redención de los pecadores, que os tienen clavado en esa cruz! Estaos siempre, Dios mío, a mi derecha, para que esté yo a la vuestra en el día del juicio final. Por ese dolor que sufristeis, y por los que sufrió vuestra adolorida Madre, obra singular de vuestra diestra, alargadla compasivo a las almas del purgatorio. Ya que os dignasteis predestinarlas en gracia, dadles el fruto de la predestinación en la eterna gloria. Amén. Se rezarán cinco Padrenuestros, cinco Avemarías y la oración final “¡Oh buen Jesús!” (Pág. 13)
DÍA TERCERO
Hecho el acto de contrición, y dicha la oración para todos los días, como en el primer día, se dirá la siguiente.
ORACIÓN. Dulcísimo Jesús: si vuestra mano izquierda, aunque tan divina como la derecha, señala a los réprobos que serán condenados, adoro vuestra soberana justicia, y temblando de temor de ser uno de los réprobos por la multitud y gravedad de mis pecados, os suplico que me paséis de la izquierda a la diestra, pues que apelo del rigor de vuestra justicia a la dulzura de vuestra misericordia. Y por los dolores de la Reina de los Ángeles, cuyos verdaderos devotos nunca serán réprobos, os ruego humildemente que paséis las almas del purgatorio al cielo, del trabajo al descanso de la gloria, en donde alaben vuestras misericordias por toda la eternidad. Amén. Se rezarán cinco Padrenuestros, cinco Avemarías y la oración final “¡Oh buen Jesús!” (Pág. 13)