Quizá hoy usted carga una preocupación que no se ve.
Tal vez una enfermedad propia, el dolor de un ser querido, un diagnóstico incierto o un cansancio interior que ya no se puede ocultar.
Cuando el sufrimiento se prolonga, el alma aprende —a veces con lágrimas— que hay pruebas que no se resuelven solo con medios humanos.
Lourdes existe precisamente para recordarnos esto.
No como un consuelo sentimental, sino como una verdad profunda de la Fe: Dios sigue derramando su gracia en el cuerpo y en el alma, cuando el corazón se abandona a Él.
Un milagro que no pertenece al pasado
Hace pocos años, la Iglesia reconoció oficialmente el milagro número 65 ocurrido en Lourdes: la curación de Delizia Cirolli, una joven que padecía una grave enfermedad neuromuscular, progresiva e incurable según la ciencia.
Delizia llegó a Lourdes como llegan tantos: sin exigir, sin reclamar, sin condiciones. Rezó, se confió a la Virgen, ofreció su sufrimiento… y regresó a su vida ordinaria. Tiempo después, de manera súbita y completa, la enfermedad desapareció. Tras años de estudios médicos rigurosos, la Iglesia confirmó lo que humanamente no tenía explicación.
Este milagro no fue concedido para despertar asombro, sino para reavivar la Fe. Para recordarnos que Lourdes no es un recuerdo piadoso del pasado, sino una fuente viva de gracia para quienes confían hoy.
“A partir de aquel momento tuvieron lugar los diferente controles. Y en 1981 los médicos de Lourdes declararon que desde el punto de vista científico mi curación era inexplicable. El comité internacional lo declaró milagroso en 1982”, explica Delizia, la número 65 de los curados milagrosamente en Lourdes, que va desde entonces en peregrinación todos los años al santuario de Francia.
El 28 de junio de 1989, el obispo de Catania, Mons. Luigi Bonmarito, reconoció oficialmente el milagro. Aunque los milagros reconocidos por la Iglesia en Lourdes son 69, ofrecemos éste testimonio coincidiendo con el 155 aniversario de las apariciones de la Virgen María en aquel lugar.
Es en el mismo santuario donde es filmado el testimonio de Delizia: “Vine aquí a Lourdes por primera vez en 1976. Tenía once años. Los médicos habían dicho que tenía un tumor en la rodilla. Cuando estaba en el instituto sentía dolores en la pierna derecha. Se lo dije a mi madre pero no me creía”.
“Los médicos aconsejaron que debían amputarme la pierna, pero mi padre decía que, suprimiendo los dolores con calmantes, era mejor que conservara mi pierna. Cuando volvimos a Paterno, mi ciudad natal, mi madre estaba desesperada, no aceptaba la idea que no hubiera nada que hacer”, asegura Delizia.
El profesor de inglés les habla de Lourdes
Los padres de Delizia la llevan a consultar a otros especialistas y en último extremo a Sicilia. Ella continua su relato contado que “en aquel momento, año 1976, mi profesor de inglés dijo a mi madre que un viaje a Lourdes sería para mí una hermosa experiencia. Y entonces decidimos hacer el viaje. Para mí, en aquel tiempo, era un viaje como otros, sin significado particular. Y una religiosa de mi país me acompaño a las piscinas. A mi regreso a Sicilia, mi estado había empeorado y sufría todavía más. No andaba y había adelgazado muchísimo. Un día del mes de diciembre de aquel año , 1976, tuve ganas de levantarme y me levante, como una cosa normal. Fui a la cocina donde estaba mi madre y le dije. ‘Mamá, quiero salir’”. Desde aquel día Delizia anda: “Me hicieron entonces radiografías y en ellas se podía ver la mejoría”.
Sanación del cuerpo… y sanación del alma
Lourdes enseña algo esencial: la curación corporal es un signo, pero no siempre es el don más grande. Muchos reciben allí una gracia más profunda aún: paz en medio del dolor, fortaleza para cargar la cruz, conversión sincera, esperanza sobrenatural.
Por eso, la Iglesia habla con tanta claridad de salud espiritual, porque es ella la que sostiene todo lo demás.
Cuando el alma se ordena, cuando la vida se pone en manos de Dios, incluso el sufrimiento adquiere sentido.
Por qué rezar esta Novena hoy
El Ebook que hoy se le ofrece no es un simple texto devocional. Es una Novena nacida del espíritu mismo de Lourdes, pensada para acompañar a quienes necesitan poner su salud corporal y espiritual bajo el cuidado maternal de la Virgen.
Al descargarla y rezarla, usted no “lee” simplemente oraciones:
— se une espiritualmente a Lourdes,
— presenta sus intenciones con Fe,
— aprende a ofrecer su dolor,
— y se dispone a recibir las gracias que Dios quiera concederle.
¿Serán gracias visibles en el cuerpo? Dios lo sabe.
¿Serán gracias profundas en el alma? Eso puede tenerlo por seguro.
Una invitación personal
Lourdes no promete una vida sin cruz. Promete algo más grande: no caminar solo en medio de ella.
Hoy, como entonces, la Virgen sigue repitiendo en silencio lo mismo que a Santa Bernardita: que la felicidad plena no siempre llega en este mundo, pero que ninguna lágrima ofrecida con Fe se pierde ante Dios.
Descargar este Ebook y rezar esta Novena es un acto sencillo, pero profundamente serio: es decirle a Dios, con humildad y confianza:
“Señor, pongo mi vida, mi salud y mis pruebas en tus manos.”
Y quien se abandona así, nunca queda sin respuesta.