¿Nos hemos detenido alguna vez a pensar cuánto le costó al Corazón de Jesús que se instituyera una fiesta en su honor? ¿Somos conscientes de que esta devoción que hoy puede parecernos tan habitual fue fruto de un deseo ardiente del mismo Cristo, expresado con dolor y ternura a una humilde religiosa?
En uno de los encuentros más conmovedores que tuvo Santa Margarita María de Alacoque con Nuestro Señor, mientras adoraba al Santísimo Sacramento, el Corazón de Jesús le reveló su profunda herida: haber amado tanto a los hombres y recibir, a cambio, indiferencia, frialdad, desprecio. Y lo que más le dolía era que incluso sus almas consagradas —a quienes debería corresponder más amor— lo trataban con ingratitud.
“He aquí el Corazón que ha amado tanto a los hombres…”, le dijo el Señor, mostrándole su Divino Corazón, agotado y consumido por amor. Y en ese momento pidió algo claro y específico: que se instituyera una fiesta en su honor, el viernes siguiente a la Octava del Corpus Christi. Un día en el que los fieles pudieran reparar, comulgando y honrando su amor despreciado, todas las ofensas sufridas en la Eucaristía.
La humildad como instrumento de la Voluntad divina
Santa Margarita, abrumada, respondió con humildad: “¿Con quién habláis, Señor? Soy una pobre criatura, una pecadora indigna”. Pero Jesús no se dejó detener por sus temores: “¿Ignoras acaso que me valgo de las cosas más flacas para confundir a los fuertes?”. Una vez más, el Salvador elige lo pequeño para manifestar su grandeza.
Y así fue como, con perseverancia, obediencia y amor, Margarita María empezó a promover esta devoción que hoy es un tesoro para la Iglesia.
El inicio de un culto que cambiaría corazones
En 1685, como Maestra de novicias, tuvo finalmente el consuelo de ver nacer la primera manifestación pública de culto al Sagrado Corazón de Jesús. Aprovechando que su fiesta onomástica coincidía con un viernes, pidió a las novicias que le ofrecieran todos los homenajes al Sagrado Corazón. Con amor y alegría, prepararon un altar y comenzaron lo que sería el inicio de una devoción extendida por todo el mundo.
Y usted, ¿aprovecha esta gracia?
Hoy, usted y yo tenemos la dicha de contar con esta fiesta y esta devoción. ¿Podemos darnos el lujo de ignorarla, de dejar pasar la oportunidad de amar y consolar al Corazón que tanto nos ha amado?
Cada vez que vemos una imagen del Sagrado Corazón, cada primer viernes del mes, cada Eucaristía en que no estamos solos frente al Santísimo… es una oportunidad. Una oportunidad ganada con lágrimas, sacrificios y una revelación celestial.
¿Le honra usted como Él merece? ¿Le ofrece reparación, consuelo, amor?
No dejemos pasar la gracia que otros lucharon por obtener. El Corazón de Jesús sigue abierto, palpitando de amor, esperando correspondencia.