San Juan Bosco: cuando la salvación del alma es lo primero

San Juan Bosco es recordado con frecuencia por su cercanía con los jóvenes y su obra educativa, pero su grandeza no se comprende sin reconocer el eje central de toda su misión: la primacía absoluta de la salvación del alma. Más que un organizador social, fue un sacerdote profundamente sobrenatural, convencido de que ninguna ayuda material tiene sentido si no conduce primero a Dios.
Como subraya el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, Don Bosco atendió con caridad las necesidades concretas de la juventud —pobreza, abandono, falta de educación—, pero jamás redujo su misión a la asistencia material. Sabía que el verdadero drama era la pérdida de la fe, de la inocencia y del sentido de Dios. Por eso, toda su obra estuvo orientada a formar cristianos íntegros, capaces de vivir en gracia y resistir la corrupción moral de su tiempo.
Esta visión explica también su firmeza doctrinal. San Juan Bosco no fue ingenuo ni complaciente: denunció el error, alertó sobre el pecado y habló con claridad de la necesidad de la gracia, siempre con caridad, pero sin diluir la verdad.
Hoy, cuando tantas iniciativas se contentan con una ayuda meramente humana, su ejemplo recuerda una jerarquía esencial: primero Dios, primero el alma, primero la vida sobrenatural. Solo desde allí la educación y la acción social alcanzan su verdadero sentido.