San Francisco de Sales: la mansedumbre que conquista las almas

San Francisco de Sales encarna una de las virtudes más olvidadas y, a la vez, más poderosas del cristianismo: la mansedumbre unida a una firmeza interior inquebrantable. En un mundo marcado por la agitación y la dureza, su vida demuestra que las almas se conquistan no por la fuerza, sino por la caridad iluminada por la verdad.

Doctor de la Iglesia, enseñó que la santidad no consiste en gestos extraordinarios, sino en la entrega constante de la voluntad a Dios en lo cotidiano. Su suavidad no fue debilidad, sino expresión de un alma profundamente ordenada y dócil a la gracia, donde la firmeza doctrinal y la caridad se armonizan perfectamente.

En tiempos de confusión religiosa y división, San Francisco de Sales respondió con paciencia, constancia y confianza en la acción de Dios, mostrando que la verdad transmitida sin caridad endurece, y la caridad sin verdad se disuelve. Su ejemplo recuerda que todo estado de vida puede ser camino de santidad cuando se vive en presencia de Dios.

Celebrarlo hoy es acoger un llamado urgente: formar almas fuertes y suaves a la vez, firmes en la fe y llenas de caridad, capaces de transformar el mundo no por la violencia, sino por la fuerza serena de un corazón plenamente entregado a Dios.