El hombre moderno, los placeres lícitos y el escapulario: recordatorio del juicio eterno

El texto reflexiona sobre cómo el hombre moderno vive inmerso en placeres lícitos, pero ha olvidado su fin último: la eternidad. La sociedad actual rechaza pensar en la muerte y se enfoca en lo inmediato y lo material. Frente a este letargo espiritual, el escapulario del Carmen aparece como un recordatorio constante del juicio eterno y una ayuda concreta ofrecida por la Virgen María.

Este sencillo signo externo simboliza la consagración a María y la confianza en su intercesión, recordando a quien lo porta la importancia de vivir en gracia, evitando el pecado y preparando el alma para la vida eterna. No es un amuleto mágico, sino un compromiso serio de vida cristiana. Además, lleva consigo la promesa del “Privilegio Sabatino” y la protección espiritual de la Virgen.

El escapulario es presentado como un antídoto contra la superficialidad moderna: una señal visible que acompaña a la persona en medio de sus actividades diarias, recordándole que esta vida es pasajera y que su verdadera meta es el cielo.