El Sagrado Corazón de Jesús: Un Amor que espera ser recibido

Hay llamados que no se oyen con los oídos, sino con el alma. Así fue el susurro que escuchó Santa Margarita María:
“Mira la llaga de mi costado; en ella harás tu perpetua morada.”
Era Cristo, no exigiendo, sino ofreciendo su Corazón herido como morada. Un refugio donde todo es amor, donde cada herida sangra ternura y redención.
El Sagrado Corazón no ama con medida. Es un amor que quema sin destruir, que exige sin forzar. Y aun así, espera. Espera ser recibido. Espera que alguien se atreva a responder con la misma entrega con la que fue abierto su costado.
“Todo de Dios y nada mío; todo a Dios y nada a mí”, respondió la santa. Solo los que han sido tocados por ese fuego pueden hablar así. Porque amar al Corazón de Jesús no es emoción: es elección, renuncia, abandono.
En tus noches más oscuras, cuando el mundo parece ensordecerte y el alma se siente sola, Él está. No con respuestas fáciles, sino con una presencia viva que sostiene. Si le dejas entrar, Él hará de tu dolor un altar, y de tu vida, una ofrenda.
El Corazón de Jesús aún espera. Solo falta una cosa: que tú también quieras amar… y padecer a ciegas.